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¿Qué Perdemos en Tiempos Mansedumbre? Una Reflexión sobre la Grandeza y el Coraje Crítico y Ético

Actualizado: 1 dic 2024


Nos gusta decir que vivimos tiempos de incertidumbre, pero en realidad son tiempos de mansedumbre.

Quiero comenzar con un término que, aunque lejano a nuestro lenguaje cotidiano, puede ofrecernos una clave para reflexionar: la magnanimidad. Este concepto, proveniente de la filosofía griega, tiene sus orígenes en el término megalopsychía (μεγαλοψυχία), que literalmente significa “grandeza de alma”.


En su esencia, la magnanimidad no era solo una virtud personal, sino un ideal que conectaba al individuo con la excelencia y con la comunidad. Hoy, cuando hablamos de excelencia, muchas veces pensamos en perfección o logros externos, pero en la tradición griega este término significaba aspirar a ser lo mejor que podemos ser en armonía con los demás. Tener grandeza no es lo mismo que buscar grandiosidad; no se trata de alimentar el ego, sino de abrazar una aspiración profundamente humana y racional. Es reconocer que somos capaces de cosas grandes, sin caer en la arrogancia ni en la falsa modestia.


Por ejemplo, podríamos pensar en figuras contemporáneas como Malala Yousafzai, cuyo coraje al defender el derecho a la educación no se alimenta de un deseo de protagonismo, sino de una convicción ética que busca el bienestar colectivo. Su historia es un ejemplo vivo de magnanimidad en acción.


Para Aristóteles, la magnanimidad era una cualidad de quienes poseían autodeterminación. Estas personas no se dejaban dominar por las opiniones ajenas ni por la vanidad. En términos actuales, podríamos decir que se trata de actuar desde la autenticidad, algo que no siempre es fácil en un mundo que nos empuja constantemente al conformismo. Esta virtud no solo hacía a una persona digna de respeto, sino que también la conectaba con una vida justa y ética, que integra el bien propio con el de los demás.


La magnanimidad no existía aislada, sino que se relacionaba con otras virtudes como el andreia (coraje). Hoy, podríamos ver ese coraje reflejado en quienes enfrentan desafíos globales con creatividad y ética. Pensemos, por ejemplo, en los científicos que, en medio de la incertidumbre, desarrollaron las vacunas contra el COVID-19. Su trabajo colectivo encarna ese espíritu de grandeza que, lejos de buscar la perfección individual, se enfoca en soluciones que benefician a la humanidad.


En la perspectiva griega, la incertidumbre no era un enemigo, sino un terreno fértil para la grandeza. El magnánimo no temía lo incierto porque confiaba en su capacidad para actuar de manera ética, incluso en situaciones ambiguas. En nuestra época, en cambio, la mansedumbre nos lleva a reducir la grandeza a un pragmatismo limitado: priorizamos lo inmediato, lo seguro, y evitamos compromisos con valores profundos. Así, la incertidumbre se convierte en una excusa para no asumir responsabilidades o para evitar pensar de manera creativa y aspirar a lo trascendente.


Entonces, ¿qué podemos hacer?


Una respuesta posible es rescatar una pedagogía de la magnanimidad, que puede estructurarse en cinco pasos:

1. El autoconocimiento. Sócrates lo dijo claramente: “Conócete a ti mismo”. Una vida sin examinar no merece ser vivida. Esto implica mirar hacia adentro, cuestionar nuestras creencias y analizar si nuestras acciones reflejan valores verdaderos. ¿Qué principios guían tus decisiones? ¿Son coherentes con la persona que aspiras a ser?

2. La valentía crítica. Hoy, ser magnánimo implica desafiar el conformismo y actuar con integridad, incluso cuando las estructuras sociales o tecnológicas parecen fomentar la pasividad. Greta Thunberg es un ejemplo de esta valentía crítica: ha sabido cuestionar narrativas dominantes para abrir un diálogo global sobre el cambio climático.

3. Aspirar a lo grande desde lo cotidiano. La magnanimidad no exige gestos heroicos o épicos, sino vivir con propósito y dignidad en las acciones del día a día. Cada pequeña decisión, cuando está guiada por principios éticos, contribuye al bien común.

4. Reformular la incertidumbre como oportunidad. En lugar de verla como una limitación, pensemos en la incertidumbre como un espacio para innovar y crecer. Muchas de las grandes transformaciones de nuestra era, desde las herramientas digitales hasta los movimientos sociales, nacieron de momentos de crisis e incertidumbre.

5. Integrar la acción con la reflexión. Educar(se) para actuar con coherencia significa no solo pensar antes de actuar, sino también aprender de nuestras decisiones, permitiendo que nuestras reflexiones futuras estén moldeadas por nuestras experiencias.

Estos tiempos exigen algo más que respuestas rápidas o fórmulas simples; exigen grandeza de espíritu. Necesitamos reconocer nuestro valor y actuar con valentía crítica, incluso cuando el camino no está claro. Recuperar el ideal griego de la magnanimidad y adaptarlo a nuestra época nos invita a mirar la incertidumbre como un desafío, pero también como una oportunidad para ser mejores, tanto individual como colectivamente.


Dejo aquí algunas de preguntas para la reflexión sobre la Grandeza y el Coraje Crítico y Ético:


1. ¿Cómo distinguirías entre la verdadera grandeza de alma y el narcisismo que domina tantas narrativas actuales?

2. ¿Qué significa para ti actuar con grandeza en un mundo que prioriza lo inmediato y lo seguro?

3. ¿Qué convicciones personales podrías revisar para alinearlas con la vida que deseas construir?

4. ¿Qué ejemplos de magnanimidad encuentras en tu entorno y cómo podrían inspirarte a actuar?

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